Muy lindo día tengan Albertfans!
En el capítulo anterior Candy estaba muy nerviosa y llena de dudas sobre cómo dar a Terry la noticia de su relación con Albert. ¿Seguirá el consejo del rubio y se lo dirá directamente? Vamos a ver…
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Capítulo 6: Cartas y paseos
Al fin, después de darse unos momentos de calma, Candy fue encontrando las palabras para expresarse con sinceridad:
«Terry:
Te sorprenderá recibir otra carta mía, ya que no has tenido tiempo de contestar la última que te envié hace un par de meses. Imagino que estarás ocupadísimo con los ensayos. No sabes cómo me alegra saber que tú también estás cumpliendo con tu propósito de vida.
Terry, aunque nunca conseguimos entendernos del todo, sé que tú me confiaste cosas que a nadie más. Quiero que sepas que valoro en lo más alto el regalo de tu confianza. Quizá por eso, he sentido todo este tiempo que tengo un lugar especial en tu vida y, aunque nunca me lo has dicho, también en tu corazón.
Siempre tuve la sensación de que entre tú y yo se quedaban muchas cosas sin decir, que cuando estábamos lado a lado parecía que no tenía importancia hablarlas y que, en la lejanía, a través de cartas, eran demasiado serias para plasmarlas en papel. Ahora, sin embargo, no me queda más remedio que aclarar ciertas cosas de esta manera tan impersonal.
Ten por cierto que yo también he tenido un afecto muy especial por ti y que, en ciertos momentos, me ha sabido muy amargo no poder encontrarme contigo como tanto queríamos.
¿Recuerdas que una vez me escribiste, medio en broma, medio en serio, que no merecía la pena acordar otra fecha para vernos porque la vida siempre parecía tener otros planes? Comienzo a pensar que tenías razón.
No hay una forma fácil de decir esto, pero no puedo continuar llamándome tu amiga si no te hablo de algo importante que ha ocurrido en mi vida:
Me he enamorado y soy correspondida.
Mientras te escribo esto, no puedo evitar sentirme un poco fuera de lugar, porque siento que estoy dando una explicación que no me has pedido, que ni siquiera estoy segura de que te haga falta, pero… aun así, quise decírtelo.
Hay algo más que quiero que sepas. La persona de quien me he enamorado es Albert.
Simplemente, sucedió.
Tan inesperado como debe ser para ti saberlo, también lo fue para mí. Y así como es imposible ocultar al sol que sale por la mañana, sería inútil esconder mis verdaderos sentimientos.
Espero que el contenido de esta carta no haga que abandones nuestra amistad, que es tan valiosa para mí, desde nuestro paso por el colegio en Londres.
Deseo que todo vaya de maravilla con la obra y espero pronto recibir noticias tuyas.
Afectuosamente,
Candy.»
Cuando posó la estilográfica sobre la mesa, respiró con alivio. Había logrado contar lo necesario sin desbordarse de la emoción. No era Terry la persona indicada para contarle lo increíblemente feliz que se sentía al lado de Albert, ni extenderse en explicaciones de cómo había florecido su amor.
Como si hubiera estado esperando a que terminara, Albert entró por la puerta en ese momento, con una bolsa de la compra en las manos. Candy corrió a abrazarlo y casi lo hace tirar los víveres.
-¡Albert! Sabes que mi corazón es tuyo, lo sabes, ¿verdad?
Haciendo un poco malabares, Albert logró asir a Candy con un brazo sin que se le cayera la compra.
-Mi amor -contestó él, plantándole un beso en la frente-, ¡por supuesto que lo sé!
-Hoy comprendí lo poco que en realidad sabía del amor- dijo Candy, mirando a Albert con seriedad-. No es que ahora lo sepa todo, desde luego, pero la forma en que me siento contigo, no tiene comparación.
Albert no podía quedar impasible ante esa declaración, y sintió cómo su pecho se llenaba con una dulce calidez. Dejó la compra sobre la mesa, para tomar a Candy en brazos y besarla con suavidad.
Este tierno gesto muy pronto se convirtió en un beso como el primero, lleno de todo eso que atrae a un hombre y una mujer.
Albert unió sus manos por detrás de la cintura de Candy y la atrajo hacia sí. Ella respondió con un suspiro anhelante. Los besos se volvieron más intensos y las caricias más apremiantes. Ambos gozaban de juventud, de lozanía; que su amor tomara el camino del deseo era solo natural.
De no se sabe dónde, Albert sacó fuerzas para tomar distancia. Primero tomó a Candy por los hombros y luego estiró los brazos para separarse de ella.
-Candy, ¿qué te parece si damos un paseo?
-¿Un paseo? -contestó ella con desconcierto.
-Sí, ahora mismo -casi rogó Albert.
-Pero… la cena.
-Estoy seguro que algo encontraremos en el camino, solo que… de verdad… necesito aire fresco.
Habría sido imposible que Candy no comprendiera el trasfondo de esas palabras. Sin dilación fue por su abrigo para dar una larga caminata.
De tanto en tanto, cuando las muestras de cariño se acercaban a los límites de lo que podían controlar, alguno de los dos tomaba aire y decía: «es hora de dar un paseo».
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Candy casi había olvidado la carta que había enviado a Terry, cuando recibió un sobre con remitente de Nueva York, que abrió de inmediato. Esta era la respuesta.
Candy:
¡Vaya! Ahora sí que me he llevado un chasco.
Aunque ya conocía lo volubles que son las mujeres en sus afectos, tú has logrado sorprenderme.
Dime, de todos los hombres que hay en el mundo… ¿tenías que elegir a uno que yo conozco para reemplazarme?
Ojalá que Albert corra con mejor suerte que yo y no lo cambies a la primera oportunidad.
Que tengan una buena vida.
T. G.
Solo alguien que ha amado con inocencia y sinceridad podría entender la decepción tan enorme que Candy sufrió al leer aquello. ¿Reemplazarlo? ¿A la primera oportunidad? Eso no era lo que había pasado y Terry debía saberlo.
Imaginaba que él estaría dolido y decepcionado, pero, ¿no hubiera sido mejor que lo dijera así? Candy se preguntó de dónde había podido sacar unas palabras tan hirientes.
Luego del impacto inicial, Candy tuvo que reconocer que la respuesta de Terry, arrogante y desdeñosa, era justo lo que cabía esperar de él. Así se había comportado desde la primera vez que lo conoció.
Por breves momentos, había logrado vislumbrar algo de la ternura y vulnerabilidad que Terry tanto se empeñaba en ocultar y, por demasiado tiempo, se había aferrado a la esperanza de que esa parte de su ser emergiera a la luz definitivamente. Pero una y otra vez, Terry volvía a su desapego habitual.
Aunque se había prometido no hacer comparaciones, el contraste con Albert era tan grande, que era imposible ignorarlo. No cabían las dudas de lo que Albert sentía por ella, porque profesaba su amor de una forma plena, constante, transparente.
Con gran dolor reflexionó que, tal vez, el gran cariño que había tenido por Terry había sido inmerecido.
Pero la cosa no quedó ahí. A los pocos días, Candy recibió carta de una remitente que no conocía: Susana Marlow.
El sorprendente contenido de la carta era como sigue:
Srita. White:
Como usted debe saber, en este momento el Sr. Graham se prepara para el papel protagónico más importante al que puede aspirar un actor novel.
Este feliz proyecto requiere su dedicación en cuerpo y alma, por lo que cualquier distracción podría tener un efecto fatal para su carrera.
Lo sé de primera mano, pues comparto con el Sr. Graham el estelar de esta puesta en escena.
No solo compartimos un inigualable reto profesional, me atrevo a agregar.
La naturaleza de mi relación con Terrence no se ha hecho pública, pero no se engañe, es de lo más cercano que puede existir.
Es por esa razón que me tomé la libertad de escribirle y apelar a su buen juicio. Si se considera usted su amiga, si quiere honrar los recuerdos del pasado, idealizados quizá por la temprana juventud, mucho apreciaré que, en adelante, se abstenga de importunar al Sr. Graham con sus asuntos personales.
Cordialmente,
Susana M.
Candy se quedó helada. Tras el aturdimiento inicial, sintió que la rabia le subía por el cuerpo, y se dijo:
«¿Con que te has conseguido una novia, Terry? ¡Además le contaste sobre la carta que te envié! Y yo que me moría de culpa por haberme enamorado de Albert. Y usted, señorita Susana, ¿con qué derecho me reprende así!»
A pesar de sentirse muy contrariada, Candy imaginó lo que habría sido para Susana conocer el contenido de su carta. Leyendo entre líneas, Terry habría tenido un arranque de ira; si no, porqué Susana habría dicho algo sobre «distracciones fatales» para su profesión.
De inmediato recordó cómo Terry se había puesto furioso y violento al escucharla hablar de Anthony, aun sabiendo que estaba muerto, e imaginó que al saber sobre Albert, su reacción habría sido incluso peor. Se estremeció de miedo.
Esto, sobre todo, la dejó muy aturdida. Reconoció que, aunque había querido mucho a Terry, nunca había dejado de temer sus explosividad. Qué terrible debió ser para Susana estar allí a su lado. Candy solo pudo sentir compasión por la joven actriz.
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Uff! pues ya ha pasado el trago amargo, lo mejor es hablar con la verdad. Candy también ha tenido descubrimientos inesperados… pero en esta historia todavía pasarán muchas cosas antes del desenlace. ¿Qué les pareció este capítulo? ¡Dejen sus comentarios!